Tras toda mi infancia viviéndola junta a él, compartiendo risas, juegos, carreras, sueños, riñas… En ese mismo instante algo se encendió dentro de mí, y es en ese momento cuando me di cuenta de lo que más ansiaba, lo que más necesitaba, lo que andaba buscando lo había tenido siempre junto a mí. ¡Qué estúpida! ¡Cómo no me había dado cuenta antes! Pero no importa, lo esencial es que abrí los ojos, me encontré con su mirada y supe que lo quería como nunca antes lo había hecho y, de repente, como si me hubiese leído el pensamiento y percatado de los rápidos latidos de mi corazón al descubrir ese nuevo sentimiento que me invadía, me besa… me besa de una forma especial, como el solo sabe besarme, con dulzura, suavidad, amor y con pasión; sin prisa, haciendo que ese primer beso, nuestro primer beso, pareciese eterno, haciendo que cada pelo de mi cuerpo se erizara y que un escalofrió recorriese toda mi espalda. Entonces, se separa de mi, dando por finalizado el beso y me mira de una manera distinta a como lo hacía antes, y yo, me quedé embobada, perdida en su mirada sin poder decir nada, sin saber que tenía que pensar, sin saber que estaba pasando… Pero ahí estaba él, como siempre lo había estado para rescatarme, como un príncipe rescata a su princesa que lleva años encerrada en un castillo custodiada por un dragón, el me salva del estado en el que me encontraba acercándose a mi oreja para susurrarme dos palabras que cambiaron mi vida por completo: “Te quiero”, y como si no fuesen suficientes emociones para un día continua “Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario